
En “Covering”, Kenji Yoshino estudia diversos mecanismos –jurídicos y sociales– por medio de los cuales se intenta suprimir la identidad gay. Al final, se enfoca en uno en particular porque sirve como plataforma para entender muchos de los problemas actuales en la arena de la discriminación identitaria. Se trata de la exigencia de covering: de encubrir o disimular los rasgos que distinguen a una persona, que la hacen diferente al resto. Esta demanda, nos dice Yoshino, pretende incidir en las características marginales de la identidad (en oposición a las esenciales) y justifica, en eso, su legitimidad. Uno de los ejemplos que da es el caso de una abogada de la Procuraduría de Georgia (EUA) que fue despedida por efectuar una ceremonia matrimonial con su pareja. Su empleador insistió en que no la estaba despidiendo por ser lesbiana o por salir del clóset, sino por pregonar su homosexualidad con una ceremonia. Está bien ser gay, está bien, incluso, decírselo a ciertas personas, ¿pero publicitarlo de esa forma? Yoshino traslada este mecanismo al tema del racismo y de la discriminación por género. Cada vez que una mujer negra decide no peinarse con trenzas africoamericanas (cornrows) por salvar su trabajo, cada vez que un joven hawaiiano decide disimular su acento con tal de preservar un empleo, cada vez que una mujer decide no vestirse provocativamente o no contarle a nadie de su deseo de embarazarse para no sufrir un despido, cada vez que una lesbiana se abstiene de participar políticamente en una marcha por miedo a incitar a sus amigos o conocidos, en cada caso estamos frente a una estrategia de encubrimiento. Cierto, nos dice Yoshino, estos mecanismos no son lo mismo que la persecución nazi, el KKK, la era de Jim Crow o las lobotomías como mecanismo para revertir la homosexualidad. La forma en la que las diferencias se destruyen no son las mismas. Pero, advierte, silenciar la diferencia, invisibilizarla, enmascararla, termina por tener un efecto similar al final. Se trata de erradicar todo lo que no se asemeja. En su artículo, al describir la multiplicidad de formas que puede adoptar este mecanismo tratándose de la identidad gay, mencionó una que llamó mi atención y que utilizaré aquí para referir a Modern Family y sus propias formas de encubrir la diferencia. Valga la cita:
Los gays pueden disimular [su diferencia] siendo o aparentando ser solteros. Al no presentar una pareja, estos individuos previenen que otros se imaginen un acto sexual entre personas del mismo sexo. Esto puede explicar por qué aunque cada vez son más visibles las personas gay en nuestra cultura, no ocurre lo mismo con las parejas gay. La siguiente solución es tener una pareja con la que uno no puede tener sexo. Después de revisar un número de casos en los que los tribunales se ven confrontados con parejas gay, [es evidente que] los tribunales son más empáticos en casos como los siguientes: un caso en el que se le otorgó al viudo el departamento que le correspondía al que murió; un caso en el que se le otorgó a una lesbiana la custodia de su pareja (gravemente) discapacitada; y un caso en el que se le otorgaron derechos de visita a la pareja de un preso. [Todos estos casos sugieren] que “los tribunales le dan un tratamiento más favorable a los gays y lesbianas que son parte de relaciones íntimas, de larga duración, en las que el aspecto sexual se ha extinguido gracias a la muerte, una enfermedad o el encarcelamiento de uno de los miembros.” (La traducción es mía.)
Modern Family, para quien no sepa, es una serie televisiva de la cadena ABC que inició en el 2009. La idea principal del show es demostrar la pluralidad familiar de la actualidad. Es la mirada a (las dinámicas de) tres familias que provienen de un mismo tronco común, como puede verse en el árbol genealógico que inserté al inicio. Jay Pritchett (primera familia) es el padre de Claire (segunda familia) y Mitchell (tercera familia). Repasemos cada una.
Empezaré por la familia de Claire que, como puede verse por las fotos, es la familia blanca heterosexual tradicional, compuesta por padre-madre –quienes están casados legalmente– e hijos. Phil trabaja, mientras que Claire se dedica a los “asuntos del hogar”. El segundo arreglo es el de la familia heterosexual de segundas nupcias, interracial (o ¿transnacional?) e intergeneracional. Jay –cuya edad una sólo puede calcular ronda en los sesentas– es divorciado, con hijos (Claire y Mitchell). Gloria –una treintañera tardía– es divorciada, tiene un hijo –Manny– y es de Colombia. Jay y Gloria están formalmente casados y viven en una misma casa con Manny. Acá también tenemos el arreglo tradicional de división del trabajo: Jay trabaja, mientras que Gloria se dedica a la casa. El tercer arreglo es el de la familia homosexual, compuesta por dos padres, con una hija adoptada, que proviene de otro país (Vietnam). Mitch y Cameron, por cierto, no están legalmente casados; pero llevan viviendo juntos cinco años. En esta familia también impera una división tradicional del trabajo: Mitch trabaja, mientras que Cam se dedica a cuidar a Lilly. (Uno de los puntos en común de las tres familias es que son de clase media-alta.)
Es evidente que para muchos la sola visibilización de un arreglo familiar que no sea el tradicional es ya revolucionario. Más aún cuando no se trata de una inclusión marginal, sino de la historia principal. A Modern Family, en términos de diversidad, habría que aplaudirle mucho. Pero por ahora –y siguiendo la tónica de la chica que se dedicó a develar los momentos homofóbicos en Friends– quiero señalar un mecanismo de covering que ha utilizado esta serie y que me parece muy interesante: la de-sexualización de las parejas no convencionales. A saber: Cameron y Mitchell –por jotos– y Jay y Gloria –por la edad de él–.
* este es el momento para decirlo: spoilers ahead *
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